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¿Qué fue lo que te llevó a presentar tus relatos a Odisea?
En principio barajé varias posibilidades. Presenté los relatos a diversas casas editoriales, pero fue Odisea Editorial con quien sentí una química especial desde el principio. Me transmitieron confianza y profesionalidad en todo momento. Por otro lado, creo que una editorial como Odisea, especializada en el sector de la literatura homosexual, tiene la experiencia y los recursos necesarios como para hacer llegar los textos al sector gays-lesbianas de forma más directa y efectiva. Quiero que ellos sean los primeros en tener acceso a estos relatos.
Todos los relatos incluidos en Secretos compartidos son de temática lésbica. ¿Te preocupa quedarte encasillada o, por el contrario, reivindicas ese tipo de literatura?
No me preocupa quedarme encasillada, en primer lugar, porque son varios los géneros que cultivo y de diversas temáticas, no todo lo que escribo es de temática lesbiana. Aunque sí, reivindico este tipo de literatura, porque cuando voy al cine, no encuentro otra cosa que no sea heterosexualidad, cuando voy a un museo, lo mismo, cuando voy a la librería, también… Tenemos que contribuir a la visibilidad de la homosexualidad. Es preciso cruzar la línea y conquistar lo que siempre ha sido tan nuestro como de los de los demás. Todos vivimos bajo el mismo cielo. Y el cielo no es de propiedad heterosexual ni es heterosexual. El cielo no es nada de eso y lo es TODO. Así que todos somos dueños del cielo porque también somos el cielo. Y si lo somos, ¿por qué nos enseñan sólo una parte?
¿Cuáles han sido tus referentes a la hora de escribir los relatos que componen Secretos compartidos?
Pues varios. Por ejemplo, los lugares que me inspiran la ambientación de algunos de estos relatos han sido, en primer lugar, mi pueblo, Monforte del Cid, pero también pueblos o ciudades vecinas como Aspe, Villena, Santa Pola, Alicante…, incluso pueblos que he visitado alguna vez o en los que he pasado mis vacaciones, como Niserias, una pequeña aldea asturiana. Los lugares siempre me inspiran porque cuando paseo por las calles de mi pueblo, por ejemplo, y me acerco a las piedras del antiguo lavadero, y veo los huecos formados en la piedra de tanto lavar, enseguida me pregunto cómo fueron aquellas mujeres, cómo fue la vida entonces, me las imagino con otros vestidos, cambio el escenario y me cuelo en sus vidas y en sus historias… y ya tengo mi historia.
¿Cuánto hay de autobiográfico en tus relatos?
Dicen que cuando sueñas, eres todos los personajes que aparecen en el sueño, y que cuando te hacen una tirada de cartas del tarot, también eres todas las cartas… Bueno, en mis relatos, podría decir que estoy en todos los personajes y en todas las cosas, que soy la buena y la mala, el poeta y el capitán, la niña y la bella durmiente, la flor y la pelota, la reina y la sirvienta… Esto es así. Sin embargo, no voy a decir esto, lo que voy a decir es que estos relatos hablan de ti, que tú eres todos los personajes, que nosotros somos todos. Es algo que tiene que ver con los cuentos, Caperucita Roja, La bella durmiente, La reina de las nieves, Pulgarcito, La cerillera, etc… ¿Habla La reina de las nieves de Christian Andersen? Tal vez sí pero los cuentos están hechos para que la gente se apropie de ellos. Todos hablan de nosotros, de manera muy simbólica, pero de nosotros.
En Secretos compartidos se recogen relatos escritos casi en tu adolescencia junto con relatos actuales. ¿En qué crees que has evolucionado?
Ha habido una maduración estilística que ha seguido su curso de manera natural, diría yo. Los relatos de adolescencia son también, bajo mi punto de vista, inocentes. Son candorosos, ingenuos, frescos... Tengo alrededor de una cincuentena de relatos que escribí en mi adolescencia. Los estuve releyendo todos, después de muchos años, para rescatar algunos, los tres que finalmente aparecen en Secretos compartidos. Me ha gustado releerlos, porque he rescatado sabores que hacía tiempo que no degustaba y que probablemente mezcle a partir de ahora con el resto de ingredientes que he ido recolectando a lo largo de mi vida, con el fin de cocinar nuevos relatos en los que se combinen ambas tendencias.
Algunos de tus relatos están ambientados en la Grecia clásica, la Edad Media, etc... ¿Es una decisión consciente para encontrar referentes lesbianos no sólo en la actualidad sino también en el pasado?
Es una decisión consciente de encontrar referentes lesbianos en todos los lugares y en todas las épocas, y es también la consecuencia de poseer un espíritu soñador. Me gustaría tener una máquina del tiempo y atravesar todas las épocas, no sólo las pasadas, sino también las futuras. Me gustaría mezclarme entre la gente y poder vivir un poquito entre ellos, me gustaría haber podido ver el Coloso de Rodas o la Biblioteca de Alejandría…
Sin ser explícitamente sexuales, tus relatos desprenden un erotismo muy especial ¿Podrías explicarnos algo al respecto? Los personajes de la mayoría los relatos viven el amor de forma muy romántica, casi no hay episodios puramente sexuales. ¿Es así como ves tú el amor lesbiano?
Hay un erotismo muy especial y hay una manera en los relatos de describir el sexo que sorprende, porque se habla de orgasmo sin mencionar la palabra orgasmo, en definitiva. Por eso me preguntas sobre ese erotismo especial de los relatos al tiempo que me preguntas sobre amor romántico en el que los episodios no son puramente sexuales. Y no son puramente sexuales pero al mismo tiempo son eróticos y excitantes. ¿Cómo puede ser esto?, te preguntas. Bueno, aquí está el asunto, supongo, en la contradicción. Tengo un estilo muy especial, en este sentido, y creo que es porque para mí el sexo es mágico y elegante. Si quiero decirte al oído una obscenidad, ten por seguro que será la obscenidad más elegante que hayas oído en tu vida, sin dejar de perder un ápice de obscenidad. Tengo un gran sentido de la belleza y la estética, y lo busco en todas las cosas, también en el sexo. De ahí se deriva ese erotismo especial de que hablas, seguramente.
Tus relatos son muy dispares unos de otros y aún así se percibe cierto nexo que los une. ¿Podrías explicarnos en qué consiste ese nexo?
Entiendo a lo que te refieres. Los relatos recogidos en ese libro son tan dispares, no sólo estilísticamente muchas veces, sino también temáticamente… Lo que tienen en común, en su mayoría, es que el lesbianismo cobra protagonismo precisamente porque no es el eje central de los relatos. Es como si fuéramos a ver una película de terror en la que el eje central fuera la trama del miedo, y las protagonistas, además, se enamorasen. No quiero leer un libro en el que el tema sea Soy lesbiana, ¿y ahora qué? ¿Por qué iba quererlo? ¿Acaso hay libros del tipo Soy heterosexual, ¿y ahora qué? No. Hay libros donde el sistema y el canon son heterosexuales, pero la heterosexualidad no es el tema. Ahora es tiempo de que haya libros, y películas, y series, y cuadros, etc., donde el sistema sea lesbiano, pero no sea el tema, de manera que la gente perciba que la misma vida de uno puede ser la misma vida de otro independientemente de con quién se acueste.
¿Tienes algún otro proyecto en marcha?
Sí, de hecho, varios. De aquí a finales de año van a salir publicados al menos tres libros más: un ensayo, una edición crítica y un libro de autoayuda.
¿Algo que decir a tus lectores?
Que no me hagan nunca su escritora favorita. Quiero que ellos sean mis lectores favoritos.
¿Y a los que aún no te han leído?
Que espero que se conviertan muy pronto en mis lectores favoritos. Estoy deseando que me lean, que se pongan en contacto conmigo, que visiten mi web en www.madomartinez.com y que sigamos navegando juntos en el océano de las palabras. Además, la edición que ha hecho Odisea es realmente preciosa y la ilustración de la portada, de Ismael Álvarez es fascinante.
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